Título de Ciudad


Felipe IV de España y VI de Navarra concede el título de ciudad a Viana el 14 de mayo de 1630.


Viana alcanzó en los siglos XVII y XVIII su época más gloriosa, gracias a la prosperidad económica de una buena agricultura, con grandes producciones de vino, y al resurgimiento de las clases nobles. El conjunto urbano se adornó con las galas barrocas en los edificios públicos, civiles y religiosos, y en las mansiones particulares. La villa respiraba aires de grandeza y aprovechó la oportunidad para adquirir honores de la Monarquía, abrumada por las guerras y la bancarrota económica.

En 1630 consiguió el título de ciudad por decreto de Felipe IV. Igualmente, se tuvo en cuenta la penuria real para comprar sus posesiones de Viana, el castillo y casa real y el Soto Galindo, extenso bosque y pastizal situado a orillas del Ebro. La cantidad abonada al rey, por todas estas mercedes y bienes, se elevó a la cifra de 28.000 ducados. Como estaba estipulado en las condiciones, el castillo y casa real no pasaron a propiedad de la ciudad hasta 1662, fecha en la que murió su último alcaide, don Diego de Herrera.






Sabed que teniendo consideración a los muchos, buenos y leales servicios que el alcalde, concejo, regimiento, justicia, caballeros, escuderos, oficiales y hombres buenos de la villa de Viana en el nuestro Reino de Navarra, ha hecho a los señores reyes nuestros progenitores y a mí y a que es cabeza del Principado, y a que por privilegio particular tiene la jurisdicción civil y criminal, que hasta ahora han tenido en el dicho Reino sólo las ciudades, y a concurrir en ella otros muchos privilegios, y a que habiendo D. García de Avellaneda y Haro, conde de Castrillo..., representado en mi nombre a la dicha villa en las grandes, forzosas e inexcusables ocasiones de guerra que tengo en Italia y en otras partes, ha ofrecido servirme con 14000 ducados de plata doble... por algunas mercedes que en mi nombre le ofreció, y entre ellas por la que le concedemos en esta nuestra carta queriéndola honrar y sublimar, habemos tenido y tenemos por bien de la hacer e intitular, como por la presente la hacemos e intitulamos Ciudad, para que de aquí en adelante lo sea y se llame así, y tenga por ello voz y voto, asiento y lugar en Cortes Generales, y encargamos al dicho serenísimo Príncipe, y mandamos a todos y a cada uno de vos que la hagáis y tengáis por tal y llaméis Ciudad, y la guardéis y hagáis guardar todas las honras, gracias, mercedes, franquezas, libertades, esempciones, prerrogativas e inmunidades... todo bien y cumplidamente... Y los unos y los otros no hagáis otra cosa en contrario so la pena de nuestra merced y de 50000 maravedís para la nuestra cámara a cada uno que contraviniese a ello...

Dada en Madrid a 14 de mayo de 1630,
Yo, el Rey
Felipe IV