| La Custodia - Uarakos (Vareia de los Berones) |
La ciudad.
La Ceca Uarakos
El poblado prerromano de La Custodia se caracteriza por ser uno de los más importantes del Valle del Ebro.
Está catalogado desde 1994 como yacimiento arqueológico protegido y declarado Bien de Interés Cultural.
La presencia en el yacimiento para buscar materiales está prohibida, constituye un delito contra el patrimonio arqueológico y está penada por ley.
Su cronología abarca desde un posible Paleolítico, edades de Bronce, Hierro I y II, hasta comienzos de la Romanización.
Ha suministrado abundantes materiales: cuarcitas, hachas pulimentadas, cerámicas a mano y torno, fíbulas y objetos de adorno, armas, monedas, herramientas...
Muy importantes son las téseras de hospitalidad con inscripciones ibéricas, pues son los primeros textos que se conocen
en la Comunidad Foral de Navarra.
Es el primer asentamiento de población sedentariza, originario de los movimientos centroeuropeos en una primera (entre el 1100 y 900 a.C.) y una
segunda oleada (siglo VIII. a.C)., que atravesaron los Pirineos Occidentales y ocuparon el Valle del Ebro.
Se trata de un oppidum dividido en cuatro recintos, protegidos en parte por una fortificación de muralla de piedra arenisca de sillarejo
Las viviendas de tierra y paja dieron paso a una vivienda de planta rectangular, con varias estancias, con zócalos de piedra, muros de tapial
y adobe, y cubierta vegetal.
Casi todos los investigadores sostienen que La Custodia es el solar de la antigua Uaracos, histórica ciudad del grupo étnico de los berones
antedecesora de la Vareia romana que se levantó tras su ocaso al otro lado del Ebro, junto a la desembocadura del río Iregua.
Esta ciudad berona la destruyó Sertorio en el año 76 a.C. en la campaña que describió Tito Livio de las guerras sertorianas en frente del Ebro (Libro XCI
de la obra Ab Urbe condita) hecho histórico que encaja perfectamente con su nivel arqueológico de destrucción. De su análisis se deduce que esta
ciudad fue un gran centro urbano, económico, comercial y político con gran dinamismo cultural.
Agricultores, ganaderos, cazadores...
Se dedicaban a tareas agrícolas, como la recolección de bellotas y cultivos de cereales panificables (como el trigo y el mijo).
Empleaban molinos, primero de vaivén o barquiforme y luego molinos giratorios, formados por grandes bloques de cuarcita circulares que por su capacidad
abrasiva empleaban para triturar el cereal.
Los cereales dan también bebidas: el zythum en Egipto, la caelia y la cerea en Hispania y la cereuisia en Galia y otras provincias. La
espuma de todas ellas suaviza el cutis facial femenino. (Plinio el Viejo, NH, 22, 164).
Artesanos
Ejercían oficios artesanales (alfarería, talleres textiles, metalurgia...), surgiendo una nueva sociedad en un núcleo urbano dotada de gran
vitalidad, donde el comercio con otros pueblos de la Meseta fue patente.
Utilizaban tijeras de hierro para esquilar, fusayolas y pesas de barro en los telares verticales.
Las vajillas se caracterizan por la variedad de sus formas en cuanto a pequeños contenedores y a los servicios de mesas. Se han hallado: cuencos, jarras de
boca trilobulada, cazuelas, embudos, copas de pie destacado y tallo moldurado. La decoración pintada con que se adornan dichas obras reproduce temas
geométricos: retículas, líneas paralelas, semicírculos concéntricos...
La cerámica es el elemento más abundante de la cultural material del poblado.
Cajita de cerámica con decoración excisa, típica de ambientes celtibéricos y vacceos.
Copas con pie alto de cerámica celtibérica
Cerámicas campanienses importadas de Italia y encontradas en La Custodia
La indumentaria
Los autores clásicos hacen referencia al sagum de los celtíberos, prenda de abrigo que fue adoptada por las tropas romanas para
sobrevivir en el duro invierno de la Meseta. Según cuenta Diodoro, el aspecto del sagum era negro y áspero, una lana parecida al pelo de las cabras
salvajes.
Estas ropas iban adornadas con fíbulas, alfileres, broches de cinturón, pectorales, torques, brazaletes...
Príncipes guerreros
Aunque no era un pueblo tan belicoso como en muchas ocasiones se les ha atribuido, los celtíberon poseían armas, entre ellas la lanza,
arma fundamenteal del guerrero hispano.
Empleada como arma ofensiva y arrojadiza, o de combate cuerpo a cuerpo, fue ampliamente utilizada por los infantes y por la caballería.
Prueba de ello son las representaciones de jinetes lanceros en la numismática.
También empleaban la jabalina como arma arrojadiza y la temible "gladius hispaniense", una espada corta de 50 cm, que podía herir
tanto con el doble filo como con la punta.
La Paz
Junto a la razón de la fuerza, también recurrieron a prácticas pacíficas en su relación con otras comunidades.
Celebraban los llamados "pactos de hospitalidad", que conocemos a través de las téseras y de las referencias de los autores clásicos a la institución
del hospitium.
La tésera es una pieza metálica, figurada o geométrica, que se convirtió en la contraseña del pacto suscrito. Cada ejemplar constaba de dos
partes que se distribuían entre los firmantes del acuerdo. La reunión de ambas, que encajaban perfectamente, era la prueba de la validez del documento.
Muchas de ellas sirvieron de soporte para la inclusión de inscripciones, redactadas, inicialmente, con caracteres ibéricos. Datas del siglo I a.C.
El pacto de hospitalidad era un acuerdo con valor quasi religioso suscrito entre iguales, a diferencia de la clientela en la que se
establecía una relación de dependencia, generalmente con algún militar romano.
Sólamente las grandes ciudades (capitales) podían emitir pactos de hospitalidad, lo que conlleva a afirmar que el poblado de La Custodia podría ser
la capital de los Berones.

El lenguaje celtíbero
Es una lengua indoeuropea que pertenece a la subfamilia celta con ciertos rasgos arcaicos y se cree que llegó a la Península antes del
siglo V a.C.
La lengua celtibérica se plasmó en escritura a través de la escritura ibérica, inventada seguramente por los habitantes del bajo Guadalquivir hacia
el siglo VII a.C. La escritura celtibérica data del siglo II a.C. y combina alfabeto y silabario. Comprende dos variedades distintas, la occidental con
26 signos o grafemas, frente a los 22 de la oriental.

Su religión y divinidades
Los pueblos prerromanos empleaban amuletos, bien para preservarse de las enfermedades y maleficios (creían en el mal de ojo) o
bien para proteger a sus animales.
Una serie de divinidades comunes de los pueblos prerromanos, denominadas pancélticas, eran:
- Lugus, dios supremo
- Las Matres, una triada que simboliza la fecundidad de la tierra y de las aguas.
- Epona, diosa ecuestre protectora de los difuntos. Su culto explicaría la importancia dada al caballo por los pueblos indígenas,
ya que era considerado un animal psicopompo, conductor o guía de las almas al más allá. Existe representaciones ecuestres en estelas funerarias de
este yacimiento.
Otros dioses tenían un carácter local y se relacionaban con accidentes geográficos (montes, ríos, bosques...) pero estos parajes no recibían
culto en sí mismo. Su sacralización se deriva de que eran escenarios en los que se producían las hierofanías, es decir, las manifestaciones
de las divinidades que, en esencia, eran invisibles. Ejemplo son Dercetio, relacionado con el pico riojano de San Lorenzo, y Tullonio,
identificado con el monte alavés de Toloño.
La simbología se agrupa en dos grandes grupos: el de la simbología solar y el de fertilidad, presentes ya desde la remota antigüedad en el
Mediterráneo y en la Europa Continental. Empleaban decoraciones circulars y curvilíneas, eses entrelazadas, aspas, cruces equiláteras, siendo exponentes
de cultos solares. El trisquele de tres cabezas está relacionado con las swástica y es propio de antiguas culturas orientales, mediterráneas y
celtas; expresa un movimiento giratorio como símbolo solar de la acción y del movimiento
Se ha localizado vasijas y cazos que demuestran que establecían rituales con bebidas fermentadas, posiblemente cerveza, propios
del ámbito celtibérico. El vino por el contrario, era una bebida exótica y de lujo, que llegó al poblado como consecuencia de la Romanización.
Ritos funerarios y creencias de ultratumba
Los celtíberos creían en la inmortalidad del alma y que el lugar en el que se desarrollaba la vida de ultratumba se situaba en el cielo,
entendido como referencia astronómica. Este destino reflejaba una concepción optimista del más allá, que contrastaba con las creencias generalizadas en
el mundo clásico. Para griegos y romanos, la última morada de los difuntos era el Hades y Orco, un infierno en el que, de alguna manera,
su personalidad quedaba anulada.
El tránsito al mundo de ultratumba se efectuaba a través de diversos ritos funerarios.
- Cremación de los cadáveres, aplicada con carácter general.
- Los nonatos y neonatos eran inhumados bajo los pisos de las viviendas.
- La exposición de los cadáveres, narrada por Silio Itálico, se reservaba para los guerreros muertos en combate, cuyas almas eran llevadas a los
cielos por los buitres.
Los enterramientos se realiaban en hoyos, dentro de los cuales se introducían, una urna con las cenizas de difunto, sus objetos personales y
recipientes con ofrendas.
A veces una estela, decorada com motivos ecuestres, zoomorfos o geométricos, señalaba la sepultura.
El contacto con Roma
Entre los años 195 y 133 a.C. las tropas romanas se encargaron de someter por la fuerza a los indígenas del Valle del Ebro y de la Meseta.
Paralelamente, se inició un lentro proceso de asimilación, que tardaría dos siglos en completarse, en el que la organización de las gentes prerromanas,
sus usos y costumbres, acabaron por diluirse en el nuevo orden romano.
La destrucción violenta del poblado (en catas arqueológicas ha aparecido entre los estratos una capa de ceniza y se han encontrado armas romanas (lanzas,
regatones y glandes de plomo) que habrían causado la destrucción de este poblado en el siglo I a.C. entre las Guerras Sertorianas, 80-72 a.C.
cuando Sertorio huye a Hispania y la proclama independiente en el año 80 a.C. Pompeyo en su persecución, realizó una campaña que duró tres años 75-72 a.C.
Durante estos años, Uarakos (capital de los berones célticos y predecesora de la que más tarde fuera la romana Vareia) era aliada de Pompeyo y por eso
fue atacada y destruida por Sertorio.
¿Ueniakum, orígen de Viana?
La palabra ueniakum, de los de uenia, genitivo plural de una ciudad o de un clan, lleva a plantearse su relación con el nombre de la
localidad de Viana.
Aunque fue arrasada durante las guerras sertorianas, sus moradores fueron dispersados de tal manera, que el lugar ya no volvió a ser habitado, y
pronto surgieron en su entorno villas romanas de explotación agrícola.
El clan de La Custodia llamado Uenia, Venia, de un tal Venius, significa según Untermann, amigo o pariente, y al abandonar el
poblado se asentaron en un cerro próximo, a unos dos kilómetros, dando al nuevo poblado el mismo nombre del clan.
Por derivaciones fonéticas, quizá a través de Venna, derivó hasta el actual nombre de Viana, que ya aparece así escrito en el fuero que Sancho
VII el Fuerte concedió a la villa en 1219, pero que existía con anterioridad.
Esta hipótesis responde a la existencia de otros Viana en España, como en Galicia y Guadalajara, de orígen también celtibérico es la localidad Treviana en
La Rioja.
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