Guerra de la Independencia - Participación en la Francesada

Fusilero, Regimiento Navarra Durante la la invasión napoleónica y la guerra de la Independencia fue ocupada la ciudad por los ejércitos invasores y sometieron a sus vecinos a un injusto y terrible expolio, en especial al ayuntamiento.

En Viana, por su cercanía a Logroño, tomó parte muy activa en su desarrollo. En la ciudad navarra, al igual que en Tafalla, Tudela y Estella, pronto surgieron los primeros chispazos del alzamiento contra los franceses.

El 2 de junio de 1808, el alcalde daba cuenta a la Diputación del Reino de que ese mismo día, "a las diez de la mañana, he observado una conmoción general en mis vecinos presentándose con escarpelas nacionales, solicitando armas y pidiendo por su Rey a Fernando VII y por la Sagrada Religión Cathólica".

Pocos días más tarde, llegaron a la ciudad las tropas invasoras y, a partir de entonces, sirvió de alojamiento permanente para las tropas del ejército imperial.

Por estas tierras comenzaron a actuar las guerrillas de los patriotas Javier Mina, Ignacio Alonso "El Cuevillas", Martín Zurbano "El Varea", Francisco Longa "El Alavés", y la del vianés Juan Hernández, apodado "El Pelao" o "El Tuerto".


Expolio y requisas

El 27 de septiembre de 1808 llegaron a Viana los franceses, el Regimiento de Línea Imperial de Alejandro.

En estas circunstacias de expolios y de exacciones en dinero y en especie, las parroquias vianesas salvaron con sus bienes a vecinos y miembros de ayuntamiento obligados a entregar cantidades insoportables para el ejército invasor francés. Algunos vianeses fueron obligados a ir de bagages para los franceses. Las cantidades entregadas, sobre todo al ayuntamiento, figuran con todo detalle en los libros de cuentas parroquiales de Santa María.

Al año siguiente, 1810 y también en años sucesivos hasta 1813, constan otras cantidades de dinero en efectivo, cereales y vino para raciones del ejército.

En el reparto de los 10 millones de 1811, los vecinos fueron obligados a contribuir con grandes sumas.

Infantería francesa


Se llevan al alcalde

A pesar de las requisas, los miembros de la Corporación llevaron la peor parte.

En 1810 el general Rougier mandó apalearlos en su presencia, sin inspirarle compasión el anciano alcalde, Juan Antonio Eguaras, por no haber podido satisfacer los víveres exigidos. Posteriormente, y con motivo de la llegada a la ciudad del Regimiento de Línea Imperial Alejandro, los vecinos contribuyeron con pan, vino y carneros.

La parroquia de San Pedro con sus bienes en dinero y en especie colaboró especialmente con el ayuntamiento, para lo cual no dudó en vender parte de la plata. Así, en 1812, José de Urra, maestro platero de Logroño, recibió 1.850 reales castellanos por el valor de 28 libras de plata labrada, “que en diferentes piezas se vendieron propias de la iglesia para ocurrir a los gastos de la misma”.



Los guerrilleros

En septiembre de 1809 las partidas de guerrilleros habían desalojado a 3.000 franceses que pocos días antes entraron en Logroño, a la vez que otros 200 alcanzaban las calles de Viana atemorizando y robando como acostumbraban.


Juan Hernández, "El Pelao" o "El Tuerto"

Javier Mina Del mismo modo sufrió la población los desmanes de los propios guerrilleros, especialrnente del vianés Juan Hernández, alias "El Pelao" o "El Tuerto", y de su partida. Ésta fue organizada por primera vez durante el verano de 1809 y marzo de 1810.

Llegó a disponer de hasta cien caballos y operó anárquicamente por gran parte de Navarra, sin someterse a nadie. Robó en su propio pueblo hasta la plata de las iglesias y el Ayuntamiento de Viana, en informe de 11 de marzo de 1811, al referirse a los robos y asesinatos de este guerrillero, lo calificó de "monstruo de la Humanidad" manifestando que a este inicuo comandante se le temía más que al enemigo.



Espoz y Mina fusiló a traición al guerrillero vianés en Ujué o en San Martín de Unx.



Interceptación del correo

Los vianeses interceptaron en varias ocasiones la correspondencia del general francés Clausel, que operaba en Navarra, con el rey José Bonaparte. Y el alcalde, don Juan Antonio Eguares exponiendo frecuentemente su vida, retuvo varias comunicaciones importantes que le hacían ver el mal estado en que se hallaba su ejército. Gracias a ello, quedó Clausel incomunicado con José Bonaparte y no pudo reunirse con el mariscal Jourdan en la batalla de Vitoria, el 21 de junio de 1813, donde la presencia de su ejército, compuesto por 15.000 hombres, podría haber cambiado el resultado favorable de las armas españolas.

El 23 de junio Clausel estaba en Viana y el 24 en Logroño, enterado del desastre de Vitoria, se retiró a Francia. Al final de la contienda, el Ayuntamiento debía a los vecinos cantidades considerables, y para hacer frente a las deudas se vendieron muchas tierras comunales.

Columna de aprovisionamiento




Nace un gran escritor
Francisco Navarro Villoslada



En 1818 se separó Bargota de Viana.

El día 9 de octubre de 1818 nace en la rúa de San Pedro el que será uno de los más importantes periodistas y escritores españoles del siglo XIX.

Hombre polifacético y cultivado, Francisco Navarro Villoslada, autor entre otras obras de "Amaya o los vascos en el siglo VIII" (1879). Fue además secretario de Carlos de Borbón y Austria (Carlos VII); llegó a ser tres veces diputado y una senador en Madrid.


Su biografía más completa la tienes en la sección de P. Ilustres S. (XVII-XIX)




Fernando VII
El Trienio Liberal (1821-1823)

Es una de las épocas en que dos poderes muy distintos ideológicamente, los absolutistas o conservadores y los liberales o progresistas están a limpio palo en toda España.

La sublevación de Riego en 1820 reimplantó en España la Constitución liberal de Cádiz, pero surgió un movimiento contrario apoyado por los realistas o absolutistas partidarios del rey Fernando VII.

En Viana abundaron los enfrentamientos entre paisanos, la mayor parte de ellos realistas, y las tropas constitucionales. La lápida de la Constitución fue destrozada y en 1822 el capitán realista Guergué desarmó a los constitucionales.

Con la ayuda de Francia y los Cien Mil Hijos de San Luis, las tropas realistas vencieron, abolieron la Constitución en 1823 y se restableció el poder absolutista del rey, siendo celebrado en Viana con misa en acción de gracias, fuegos y música de gaita.




Batallón de Realistas

El 22 de noviembre de 1824, se decide organizar un cuerpo de voluntarios realistas, según mandaba el capitán general del Reino y gobernador de la plaza de Pamplona, el brigadier Don Santos Ladrón de Cegama. El batallón estaría formado por cuatro compañías de unos 237 hombres en total. Para pertrecharlos y equiparlos se procedería a la la venta del aceite por la menuda y el producto del vaso de la correduría o garapito.





El Nuevo Camposanto

Cédulas Reales de Carlos IV de 1804 y 1805 ordenaron construir cementerios fuera de las poblaciones en lugares ventilados y rodeados por una cerca, por razones de tipo sanitario. El cumplimiento de estas leyes se fue retrasando mucho por diversos motivos, sobre todo en poblaciones pequeñas como Viana. Por acuerdo municipal de 23 de abril de 1832 "se determinó por unanimidad que, atendiendo a las circunstancias que concurren en el día, de haberse manifestado el cólera morbo asiático en el reino de Francia y muy particularmente en París, se oficie inmediatamente a las Parroquias de esta ciudad para la construcción del cementerio fuera del poblado, para que en el caso (lo que Dios no quiera) en la península se evite, en lo posible, los estragos que pueda ocasionar".

La orden se cumplió inmediatamente y, previo el informe del inspector de sanidad, gestionaron la compra de un terreno a los pies de la ciudad. En julio se hizo la compra a cargo de las dos parroquias de una pieza de 4 robadas, cercada de paredes y situada a la entrada del prado de la Alberguería, que costó 3.000 reales.

Para 1833 ya estaban terminadas las obras, que costaron cerca de 6.000 reales, y se procedió a su bendición.



En las Guerras Carlistas

A la muerte de Fernando VII, en septiembre de 1833, comenzó la primera guerra civil entre los carlistas (partidarios de don Carlos) y los liberales (partidarios de doña Isabel). Navarra, después de haber visto derogados sus Fueros por las Cortes de Cádiz y por los liberales del Trienio Constitucional (1820-1823), se pronunció mayoritariamente por don Carlos.

El pretendiente Carlos V

La Primera Guerra Carlista (1832-1839)

El general carlista, el lumbierino don Santos Ladrón de Cegama, fue el primero, que en el mes de octubre, se sublevó en Tricio (La Rioja) al grito de "Viva Carlos V". Con 500 hombres entró en Viana a primeros de octubre de 1833, en donde tras lanzar una proclama a todos los navarros, se le sumaron numerosos voluntarios de la zona.

Animado a presentar batalla al enemigo, fue derrotado por el general Lorenzo en Los Arcos el 10 de octubre, y hecho prisionero se le fusiló en Pamplona cuatro días después. El mismo general Lorenzo desalojó de Viana, en donde quería hacerse fuerte, el antiguo guerrillero El Cuevillas, ahora carlista.

La guerra continuó, y la ciudad, por sus poderosas murallas y por su posición entre el núcleo carlista de Estella y el liberal de Logroño, comunicando Navarra con Castilla, fue presa codiciada por ambos bandos contendientes y un escenario trágico de frecuentes acciones bélicas.



Heroica carga de caballería

Isabel II En el año 1834 el barón de Carondelet, liberal, ocupaba la plaza de Viana con cuatro escuadrones.

El general carlista Zumalacárregui, que merodeaba por la zona, se presentó el 3 de septiempre de ese año de improviso en los altos del cercano lugar de Aras con 240 lanceros y 800 infantes, pero el barón, confiando en la superioridad numérica de sus fuerzas, le presentó batalla en campo abierto.

Después del primer choque dirigido por el audaz guerrillero Ormaiztegui, parte del ejército liberal se replegó al amparo de los muros de la ciudad en la iglesia de Santa María y en el convento de San Francisco. Otra parte se dirigió a Mendavia y Logroño, entre ellas el barón, que huyó a uña de caballo. Por campos y calles quedaron hasta 200 muertos.

El cerco del convento se fue apretando, pero el general carlista, ante la noticia de que grandes contingentes de tropas se dirigían desde Logroño a socorrer a los sitiados, se retiró. Era el 3 de septiembre de 1834.

En vista de lo sucedido, se tuvo por necesario fortificar aún más la ciudad, y en diciembre de 1834 las tropas liberales ocuparon la iglesia y torreón de San Pedro, convertidos en fuerte.

En el verano de 1835 sirvió la plaza de cuartel general para las tropas de Córdova. Entre tanto, numerosos vianeses seguían las filas de don Carlos, y sus familiares eran multados por tener hijos en la facción.

Al terminar el año, el alcalde de Viana, Baltasar Urra, fue muerto en un encuentro con los carlistas, cuando se dirigía a Logroño a llevar correspondencia pública.



Carga de la caballería carlista - Cuadro de Augusto Ferrer-Dalmau

El general carlista Tomás Zumalacárregui

El general carlista Zumalacárregui lanzó una brillante carga de caballería a los pies de Viana.



Defensa del Cueto

Otro hecho de armas ocurrió el 23 de marzo de 1838.

El general carlista Guergué, general en jefe del ejército del norte, en un golpe de mano ocupó la plaza, y la guarnición liberal se refugió en el fuerte de El Cueto, pequeño cerro junto a la ciudad, con ánimo de resistir.

Tras ochocientos disparos de cañón contra los defensores, al mando del valiente gobernador don Ramón Corres, y después de tres intentos de asalto a la fortaleza, las tropas carlistas fueron rechazadas a bayoneta calada. Al año siguiente, se celebraba la brillante defensa del Cueto con misa, Te-Deum, rancho extraordinario para la guarnición, corrida de novillos y comedia a beneficio del Santo Hospital.

Plano del fuerte liberal del Cueto
Plano de las instalaciones fortificadas del Cueto


El Suceso de las Cañas (1838)

El 9 de noviembre de 1838 salía de Viana un contingente de treinta y seis soldados de Regimiento Provincial de Salamanca con su oficial al frente. Conducían el correo y algunos enfermos que debían ingresar en el Hospital Militar de Logroño. El general carlista Balmaseda les preparó una emboscada, esperando escondido a mitad del camino con una fuerza considerable de caballería. Les presentó armas y los liberales, en vista de la desproporción de efectivos, pidieron la capitulación ofreciéndose como rehenes.

Según el bando de guerra de Espartero, Balmaseda incuplió su compromiso de respetar a los detenidos. El mismo día mandó fusilar a los treinta y seis militares en el puente de Las Cañas. Aunque no conozcamos el relato de las tropas del general carlista, la sustancia de los hechos está más que demostrada por el manifiesto de Espartero. Porque a llegar la noticia a Logroño le faltó el tiempo al general cristino para coger al azar a treinta y seis carlistas custodiados en el abandonado convento de Valbuena de Logroño, conducir los al mismo puente de Las Cañas y ejecutarlos en el mismo número y lugar.

Los historiadores del siglo XIX protestan de la negra carnicería y se lamentan de que en el lugar de la tragedia no aparezca ninguna señal de que allí perecieron brutalmente setenta y dos jóvenes, seguramente inocentes.

Por los continuos embargos, pronto se agotaron tanto los fondos públicos municipales como los parroquiales. Los momentos tan adversos por los que hubo de pasar la población quedaron reflejados en una carta del Ayuntamiento, que alude a las "tristes circunstancias por falta de recursos, los apuros son grandes, los gastos excesivos y los pedidos de toda clase exorbitantes, que nada absolutamente basta a cubrir las más indispensables atenciones".

La ciudad pagó la importante cifra de 877.872 reales por los servicios hechos durante la guerra, en efectivo, trigo, cebada y vino principalmente.

La paz se firmó entre Maroto y Espartero, por el convenio de Vergara, el 31 de agosto de 1839, un año después de los sucesos de Las Cañas y ponía fin prácticamente a la "guerra de los siete años", que aún se cobraría vidas y sangre en el Maestrazgo y Cataluña.

Tropas alfonsinas en Estella



La Tercera Guerra Carlista (1872)

Sargento carlista - Batallón Navarra Con la entrada de Carlos VII desde Francia en Navarra, en la primavera de 1872, comenzó la Tercera Guerra Carlista contra el gobierno de Amadeo de Saboya, nombrado rey de España.

Una guarnición liberal ocupó Viana al año siguiente y la plaza fuerte quedó defendida por los Húsares de Pavía a las órdenes de don Ezequiel Greño.

1.000 carlistas, al mando del general Ollo, se acercaron a la ciudad el 30 de agosto de 1873. En vanguardia se adelantó el teniente coronel Simón Montoya, con una compañía en la que abundaban los vianeses, como lo era él.

Penetraron por la Rúa Mayor, horadando las medianerías de las casas, mientras el resto del ejército ocupaba los arrabales, y gracias al conocimiento de la ciudad, logró llegar hasta la iglesia de Santa María, en cuya torre se hicieron fuertes los liberales. Simón Montoya propuso a los sitiados una honrosa capitulación, que no fue aceptada por los liberales. Dos días se prolongó el asedio, y como no llegaban refuerzos de Logroño para auxiliar a los sitiados, éstos capitularon y salieron desarmados hacia dicha capital. Don Carlos que presenció este memorable sitio volvió muy eufórico a Estella, donde 8 días antes había capitulado a manos de Dorregaray.

Los abusos se daban por ambas partes.

Al año siguiente entró en Viana el comandante Zurbano, derrotando a una pequeña partida carlista que le opuso resistencia, además de exigir 4.000 raciones de pan y vino, ordenó que en un plazo de catorce días le entregasen 20.000 reales, pues de lo contrario se llevaría presos al alcalde y a otros.

Los carlistas, por su parte, además de apoderarse por la fuerza de gran cantidad de víveres, se llevaron 2.226 reales, producto del importe de las bulas.

Misa Carlista en el Frente - Cuadro de Augusto Ferrer-Dalmau


El himno Oriamendi, que entonaban los carlistas decía:

"Por Dios, por la Patria y por el Rey lucharon nuestros padres,
por Dios, por la Patria y por el Rey lucharemos nosotros también,
lucharemos todos juntos, todos juntos en unión,
defendiendo la bandera de la Santa Tradición,
cueste lo que cueste se ha de conseguir
venga el rey de España a las Cortes de Madrid".



Intercambio de prisioneros en la Alberguería de Viana (1875)

El 16 de junio de 1875 se celebró el primer canje importante de prisioneros en el término de La Alberguería, a los pies de Viana, y fue presenciado por una muchedumbre enorme. El evento fue organizado y firmado por el político Luis de Trelles, precursor del Derecho Humanitario. por el bando Carlista, y por D. José López de Goicoechea y García por el alfonsino. Por esta razón, se le otorgó a López de Goicoechea el 14 de enero de 1.876, el título de Comendador de la Real Orden de Isabel la Católica.

En representación carlista asistieron el comandante Martínez Junquera con sus dos compañías del 6º Batallón de Navarra con su banda, dos del 1º, y una sección de lanceros del rey.

Por el bando alfonsino, el coronel Isidro Llul, con cuatro compañías de infantería, una sección de caballería, otra de húsares de Pavía y una banda. Se canjearon 680 militares entregados por los carlistas contra 634 que libertaron los liberales.


Luis de Trelles Litografía del intercambio de prisioneros en la Alberguería

Intercambio de prisioneros en el campo de la Alberguería de Viana


El 30 de junio de 2007 se inauguró un monolito en una rotonda de la Alberguería que recuerda con una placa el canje de prisionero.


Monolito del intercambio de prisioneros en la Alberguería Monolito del intercambio de prisioneros en la Alberguería

Monolito en recuerdo del intercambio de prisioneros de la III Guerra Carlista




Los últimos combates en Viana (1875)


Soldado isabelino - Cazador de infantería Estando al mando de la División liberal de la Ribera el brigadier Juan de Dios Córdova, corrió a Logroño al ser hostilizada esta ciudad por los carlistas.

A las 6:30 de la mañana del 31 de julio avanzan hacia Viana, donde observan una triple línea de trincheras, ocupadas por tres secciones carlistas. El comandante del regimiento, Don Rafael Maquesa mediante un movimiento embolsó a las trincheras, y lanzó una brillante carga contra las tropas carlistas que salieron al choque con la bayoneta calada.

Los que consiguieron escapar se dispersaron por el camino de Aras. Hubo numerosas bajas por parte de las tropas carlistas y se hicieron 114 prisioneros, de los cuales 4 eran oficiales. Se ocupó la ciudad y se dejó una guarnición en el fuerte del Cueto.

Vestían casaca azul turquí y divisa grana. Su escudo y estandarte blasonaban de heroísmo nunca doblegado: "Prius flammis combusta quam armis Numantia victa" (Numancia, antes quemada que vencida).

Durante los cinco días que permaneció en la ciudad, saqueó sus casas y remitió a Logroño grandes cantidades de grano, vino y comestibles, "por cuya razón ha quedado el vecindario en un estado sumamente lamentable y angustioso".

No contento con ello, la columna alfonsina incendió los campos y eras de Viana, Oyón, Moreda, Mendavia y Sesma en considerable extensión de terreno. Las pérdidas en Viana alcanzaron 160.191 reales.

Movido por las quejas de los que tanto habían perdido, el general carlista Pérula pretendió batir a la división de Córdova, mientras el coronel Montoya avanzaba hasta Aras. Los días 2 y 3 de agosto bombardeó Viana desde lejos, sin lograr resultado positivo alguno, pues tampoco se pudo impedir que las tropas liberales fuesen a Mendavia a seguir incendiando las mieses.

Vencido Carlos VII por los alfonsinos, cruzó la frontera de Francia el 28 de febrero de 1876. Era la última acción antes del fin de la guerra.

Carlos VII con sus tropas

Carlos VII (con barba y descubierto) con sus tropas


La Desamortización de Mendizábal

La desamortización (1836) tuvo un efecto demoledor en las parroquias de Viana. De mantener éstas una economía saneada, las Iglesia de San Pedro y de Santa María pasaron a una situación penosa. Fueron desposeídas de la mayor parte de bienes (casas, bodegas, tierras, trujales...) que les aportaban beneficios con los que mantenían los templos y las obras de beneficiencia (comedores, almacenes de grano, becas...) que se vieron interrumpidas.

También los franciscanos debieron abandonar la localidad, llevándose consigo las clases de gramática, filosofía y literatura que impartían y quedando el convento de susodicha congregación abandonado. Poco más tarde, gracias al Concordato de España con la Santa Sede, volverían a Viana los religiosos, esta vez de la mano de las Hijas de San Vicente de Paúl, para reemprender la educación en la ciudad.

En resumen, si el objetivo de la desamortización era repartir los excedentes bienes eclesiásticos entre la gente más necesitada, se consiguió todo lo contrario. Éstos fueron vendidos en subastas y otorgados al que más pujara, que eran las familias más adineradas de la localidad (Montoya, Cía, Jalón...) enriqueciéndose aún más.



El frontón

Era un 7 de junio de 1850, cuando el alcalde Lino Mª Elizalde ordenó la construcción de "un juego de pelota de blé". Costó 2324 reales (581 pesetas) y fue dirigido por el cantero vianés Dionisio Vildósola. Las piedras se trajeron del norte de la Población y se aprovecharon las losas de un frontón anterior. Se entregó el 1 de septiembre de dicho año. En 1934 ser realizaron importantes reformas a cargo de Nicasio Bozalongo.


Restos del castillo de Viana a comienzos del siglo XX

Restos del castillo de Viana a comienzos del siglo XX



Recajo, barrio de Viana


En 1852, debido al costoso mantenimiento y a las vacías arcas municipales, se vendió mediante subasta el molino harinero, situado en el término de Recajo desde el siglo XVI, junto con su cauce, bocal y presa así como la finca, a un particular. Seguido se comenzaron a cultivar las tierras cercanas y se construyó una fábrica de chocolate.

La existencia de una barca, que comunicaba ambas márgenes del río Ebro y la instalación de un apeadero del tren al otro margen, así como la instalación de la Sociedad Electra de Recajo en 1897, propiciaron el establecimiento de familias enteras en este término, logrando la categoría de barrio pedáneo de Viana, con alcalde propio.

Recajo estuvo constituido por dos barrios: el barrio de la Posada (por la existencia de una posada que acogía a los viajeros) y el del Molino. Más tarde la finca pasó a manos de los renteros, y en 1956 se construyó una escuela-vivienda para la maestra que impartía clase a los vecinos.

En el último tercio del siglo XX y ya prácticamente deshabitado, (los vecinos se subieron a vivir al pueblo) la mayoría de las casas al igual que la posada fueron derribadas.

En 1856 se separó Aras de Viana.




La Ganadería Brava de Viana - El pantano viejo

El Ayuntamiento decidió comprar a Cecilia Montoya una partida de reses. Esta mujer llevó personalmente su hacienda, y había heredado la ganadería brava de su esposo difunto Fausto Joaquín Zalduendo, una de las mejores ganaderías que había en la España de la época, que fue llevada más tarde por el Conde Espoz y Mina, de titulación navarra. De ahí surgió la ganadería municipal brava que duró en Viana hasta el 17 de septiembre de 1927, el año en que se vendió.

Después se solicitaban reses para fiestas a casas de Sesma y de Alfaro ganado, que son los socios a los que vendió la ganadería, socios que vendieron después la ganadería a Fidel Rubio, el famoso de la canción, "Las vacas del Rubio ya se han escapado" riau, riau... Como anécdota contar que este señor, decía a los de Viana: "OJO que van a subir a Viana pá fiestas vacas de las que fueron vuestras y cuidao con hacerles lo que hacíais vosotros, cuando se acababa de torear cada vaca en el coso, se le abría la puerta y bajaba sola al Soto a la querencia. Había esa costumbre cuando estaban los Bonafau de pastores. No me soltéis las vacas vuestras, bajen a Pradoviejo, que las tengo allá, y atraviesen el Espolón de Logroño y armen algún follón."

En 1842, se iniciaron las obras de construcción del puente de las Cañas, un pontón de pocas dimensiones cuyos dos pilares se apoyaban en sendas riberas del barranco que hace de muga entre Navarra y La Rioja. Fue construído a cargo de las dos diputaciones y concluía el Camino Real de Pamplona a Logroño.

En 1888, Miguel Gorosábel, un ingeniero de Los Arcos, propuso al Ayto. de Viana hacer un pantano donde existía desde 1532 una pequeña balsa cerca del camino de La Granja. Es lo que hoy conocemos como "pantano viejo", porque el nuevo se comenzó a mitad de la década de los 40. La denominación de pantano viene porque el ingeniero Miguel Gorosábel lo denominó así en el proyecto y como el Ayto. lo denominó pantano, el pueblo también lo llamó pantano.



La Gamazada

En 1893 se produjo un levantamiento popular en Navarra como protesta a la Ley de Presupuestos creada por el ministro de hacienda Germán Gamazo, que pretendía hacer desaparecer las peculiaridades contributivas del Viejo Reino.

En medio de una época pésima, Navarra reaccionó. El 11 de junio, Fructuoso Elizalde, alcalde de Viana, publicó un bando convocando a hombres, mujeres y niños al Ayuntamiento para que firmaran el documento de protesta dispuesto por la Diputación, que decía:

"Bajo los pliegues del augusto pendón que ese Ayuntamiento ostenta, emblema de su ayer grandioso, se cobijan sus hijos para unir su protesta a la de sus autoridades forales contra el despojo que el poder central quiere llevar a cabo, y adherirse al pensamiento de erigir un monumento a los Fueros de Navarra, cuyo proyecto aquella nos recomienda".


Una comisión recorrió las casas recogiendo dinero para financiar la construcción. El Ayuntamiento encabezó la suscripción con 100 pts; el alcalde ofreció 5; el párroco, la mitad; al final aparece don Francisco Navarro Villoslada con 10. En total, 247 pts. con 39 cts.

El ministro de hacienda, popularizado en jotas y romances, hubo de dimitir. Antes se había celebrado la famosa manifestación de Pamplona, en la que se calcula que desfilaron 17.000 navarros. La bandera de Viana, aquella que bordara sor Simona, fue portada por el alcalde. De aquí surgió la denominación de "Plaza de los Fueros" en tantas localidades navarras, entre ellas, Viana.




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