Fundación. El Fuero del Águila

La fundación histórica de la villa de Viana, a principios del año 1219, se debe a la decisión de Sancho VII el Fuerte de Navarra. Entre las razones que le movieron a ello sobresalen las militares defensivas, pues era necesario asegurar la frontera frente a Castilla en la divisoria del Ebro. Se crea así una plaza fuerte bien provista de castillo y de cerco amurallado. Su fortaleza formaba parte de un plan a mayor escala, en el que se integraban también los castillos de Torralba, Mendavia, Moreda, Laguardia y San Vicente de la Sonsierra.

Más que de una nueva fundación, se puede hablar de una agrupación de otras aldeas del contorno: Longar, Tidón, Perezuelas, Cuevas, Piedrahita, Soto, Cornava y Goraño. Además convenía abrir una ruta de comercio hacia Castilla, aunque tampoco debe olvidarse la necesidad de tener un enclave en el Camino de Santiago hacia Compostela.

Sancho VII El Fuerte
Para conseguir la fusión de dichas aldeas y atraer a gentes de otros lugares, el rey concedió a sus pobladores el Fuero o Privilegio del Águila, por estar sellado con este signo real, fechado en Tudela en abril de 1219. Este estatuto reglamentó las relaciones de los vecinos con el poder real.

Además otorgó a la villa de orden y personalidad creando el Concejo, donde el alcalde era elegido por diez jurados, uno en representación de cada aldea.

Les concedió el aprovechamiento de los bienes comunales, es decir, les dio tales beneficios que la incipiente villa pronto se convirtió en un centro de atracción. Surgió una población de labradores y militares, clérigos y monjes, francos, artesanos, comerciantes y judíos.


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Asedios y Guerras contra Castilla (S. XIII-XIV)

Sancho VII "el Fuerte" muere sin hijos en 1234 y le sucede su sobrino Teobaldo I (1234-1253) que fue gravoso al reino y poco afecto a sus fueros.

Teobaldo II (1253-1270), su sucesor, marcha a las Cruzadas y en su ausencia Enrique I, su hermano (1270-1274) rige el reino que deja a su hija Juana I (1274-1307).

En 1275, cuando esta niña contaba sólamente con un año, Alfonso X de Castilla pretendió invadir Navarra. Los castellanos atravesaron el Ebro por Logroño, al mando del infante Fernando, el de la Cerda, y el fuerte de su ejército sitió Viana. A los treinta días de cerco las tropas intentaron penetrar por una brecha abierta en la muralla, pero fueron rechazadas por los defensores. Aunque el infante volvió con nuevas tropas, tras un asedio de quince días y ante la tenacidad de los vianese, ordenó la retirada y repasó de nuevo el Ebro.

Las Cortes del Reino alabaron la hazaña de los vianeses en una carta laudatoria ante la hazaña, y pidieron la supresión del gravamen de doce dineros que desde Teobaldo I satisfacía cada casa. La reina madre, doña Blanca, agradecida por la fidelidad de Viana, concedió algunas exenciones fiscales "por la gran lealtad et por el gran dayno que ellos han recibido por ser leales".

En 1334 reinando en Navarra Felipe de Evreux, una nueva guerra estalla con Castilla por reajustes de fronteras.


Intento de conquistar Logroño

En 1336 llega a Viana su pariente, Gastón de Foix, con soldados y con la intención de conquistar Logroño. Hizo una leva de vianeses para refuerzo de sus hombres y en tenaz combate se acercaron a las puertas de Logroño acorralando junto al puente a las tropas castellanas. La valentía del escudero castellano, Rui Díaz de Gaona, con otros dos aguerridos, salvó a los suyos. Los tres detuvieron a los navarros a la entrada del puente y dieron tiempo a que se alzara el rastrillo. Rui Díaz, herido, picó espuelas y se lanzó al río como única salida; pero murió ahogado en el pozo que hoy se llama de "Rudiez". Al año siguiente se firmó la paz de Fraces, junto a Viana.



El Príncipe Negro en Viana

Pasada la mitad del siglo XIV, Carlos II, ante el temor de las Grandes Compañías de Beltrán Dugueselin, que venían en auxilio de Enrique de Trastamara contra su hermano don Pedro el Cruel, mandó fortificar la villa. No obstante, fue sometida al saqueo tanto por las Compañías como por la tropas del otro bando del Príncipe Negro, que vinieron en ayuda de don Pedro el Cruel, y que llegaron a Viana el 31 de marzo de 1367.


En el año 1368 Lazagurría pasó a depender de Viana, tras venderla Carlos II el Malo, por 3.100 florines de oro.



Soborno y emboscada

Carlos II "el Malo" en 1378, intentó apoderarse de Logroño, y echó mano del soborno. En Viana celebró varias reuniones clandestinas con don Pedro de Manrique, gobernador de Logroño y capitán general de la frontera castellana. Veinte mil florines de oro le fueron otorgados a Manrique con tal de que facilitase la entrada a Logroño a los navarros. Todo se juró ante el Cuerpo de Dios. Al día siguiente las vanguardias navarras entraron en la ciudad riojana. El rey, Carlos II, se disponía a hacerlo, pero sospechó de Manrique y se volvió a Viana; hizo bien porque Manrique le había tendido una emboscada para apresarle. A la noche hubo combates en las calles de Logroño entre castellanos y navarros, muchos de los cuales cayeron presos y algún que otro se salvó nadando río Ebro abajo. Entre los que llegaron a Viana "empapados" se encontraba Martín Enríquez de Lacarra, alférez del estandarte real.

Como contrapartida, se produjo la invasión de Navarra, y los castellanos, al mando del infante don Juan, sometieron a Viana a un riguroso asedio. "Fueron tan recios los asaltos, que los sitiados, sin esperanza alguna de socorro, se hubieron de rendir, salvas sus vidas y haciendas", en noviembre de 1378. A consecuencia del humillante Tratado de Briones (1379), con Enrique IV de Castilla, Viana, junto con otras villas navarras, quedó en poder de los castellanos durante diez años, como garantía de lo pactado, y Pedro Manrique fue nombrado alcaide de su castillo.



Institución del Principado de Viana


Carlos III El Noble A la muerte de Carlos II "el Malo", le sucedió su hijo Carlos III "el Noble", quien obtuvo de Juan I de Castilla, su cuñado y amigo, la devolución de las plazas retenidas por Castilla, entre las que se encontraba Viana. En Viana se hizo al rey navarro un recibimiento clamoroso.

Una de las mayores glorias históricas para la villa fue la institución del Principado de Viana por Carlos III "el Noble", para su nieto Carlos, mediante un documento fechado en Tudela el 20 de enero de 1423. Siguió en esto la costumbre de los reinos occidentales europeos de dar un título al heredero de la Corona: Delfín en Francia, Príncipe de Gales en Inglaterra, Príncipe de Asturias en Castilla. El rey Noble, por el cariño que sentía hacia su nieto, se propuso ensalzar la dignidad de su heredero y dotarlo con unos bienes y posesiones para el digno mantenimiento de su rango.

El espacio territorial de Principado de Viana comprendía un conjunto de villas, lugares y castillos y bienes, más o menos homogéneo, situado en su mayor parte en el extremo más suroccidental del reino, en la frontera con Castilla. En primer lugar la villa y el castillo de Viana, como Cabeza del Principado; también Laguardia, San Vicente de la Sonsierra y Bernedo, con sus aldeas; además, villas como Aguilar, Genevilla, Lapoblación, San Pedro y Cabredo, y las villas y lugares pertenecientes al rey en Val de Campezo. Por otra parte, los castillos de Marañón, Toro, Ferrera y Buradón, y, finalmente, las villas de Corella y Cintruénigo, que le había dado con anterioridad, y las de Peralta y Cadreita. Por ser el Príncipe todavía niño, su abuelo nombró administradores para gestionar estos bienes en favor de aquél.

Título del Principado de Viana

Sólamente se puso una restricción a este conjunto territorial: ser indisoluble, como el reino, y estar siempre vinculado a la Corona. Como dice el documento de la institución, "El dicho infante no podrá en caso alguno vender, alienar, empeynar y dividir ni destroyer en ninguna manera las dichas villas y castillos y lugares, ni en todo ni en partida, en tiempo alguno en alguna manera, antes aquéllos quedarán íntegramente e perpetuamente a la Corona de Navarra".

Geográficamente, el medio físico contribuía a la delimitación de las tierras occidentales del Principado, sobre todo a través de los montes y ríos. Dos imponentes macizos montañosos, las sierras de Codés y Cantabria, ejercían en el territorio el papel de murallas en su zona norte, mientras que las depresiones fluviales del Ega y del Ebro lo reforzaban por el este y sur. Socialmente, este espacio estaba organizado por el sistema de villa y tierra, es decir, habían hecho aparición unas villas que, extendiendo su influencia y prepotencia sobre las aldeas, habían reordenado peculiarmente el territorio mediante un sistema de subordinación e influencia.

Territorios pertenecientes al Principado de Viana

Además del territorio fronterizo occidental, que constituía el "honor" principal, el Principado propiamente dicho, Carlos III otorgó a su heredero otros dominios, que llamamos dispersos, de diversa entidad, situados en las comarcas sureñas de la merindad de la Ribera, que por su situación, también en este caso frente a Castilla, gozaban de gran valor estratégico. La primera donación fue la de las villas de Corella y Cintruénigo, situadas en la comarca del bajo Alhama. Luego se les añadieron, en herencia perpetua, las villas de Peralta y Cadreita y sus fortalezas, en la comarca del bajo Arga y bajo Aragón, respectivamente, con objeto de constituir un señorío. Por estas últimas posesiones le correspondía al Príncipe Carlos el título de Señor de Corella y Peralta.

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Agramonteses y Beaumonteses: Muy Noble y Muy Leal

Sello de cera del Concejo de Viana

Juan II de Aragón se casó con Blanca de Navarra, hija de Carlos III el Noble. De este matrimonio nacieron Don Carlos, Príncipe de Viana y Doña Blanca de Navarra. En 1441 murió la Reina, dejando sucesor al trono al primogénito, el Príncipe Don Carlos.

Pero el rey Juan II no cumplió el testamento de su mujer Doña Blanca, y mandó a su segunda esposa Juana Enríquez como gobernadora de Navarra.

Esto provocó el disgusto de los navarros y especialmente de Felipe de Navarra, Mariscal del Reino y Conde de Agramont, formando el grupo argamontés.

Se formó un bando opuesto, capitaneado por Luis de Beaumont, nacido en Lusa y primo de Felipe de Navarra. Ambos aunque rivales, apoyaban al Príncipe de Viana.

Luis de Beaumont armó al Príncipe de Viana y a sus huestes, pero éstos fueron vencidos en Aibar y luego en Estella. El fracaso de los beaumonteses aumentó el número de adeptos en el lado agramontés.



Enrique IV de Castilla, deseoso de fomentar rivalidades entre navarros y aragoneses, apoyó la causa del Príncipe de Viana contra los agramonteses (seguidores del rey Juan II). Puso un primer cerco a la villa, pero hubo de retirarse sin poder tomarla. Viana tuvo la categoríade "buena villa", con asiento en las Cortes del Reino. Su escudo ostenta cinco bandas rojas en campo de oro que otorgó Juan II de Aragón.

Un segundo sitio soportó la villa en 1461, la villa fue sitiada por dos veces y sometida a un ataque de "bombardas, trabucos cortantes y otras diversas artillerías". Fue defendida heroicamente por mosén Pierres de Peralta, pero, al carecer de víveres, se rindió en 1461 a Gonzalo de Saavedra, capitán general de las tropas castellanas.

Las tropas navarras (a las que se habían unido esta vez los beaumonteses al reconocer su error) al mando del obispo de Pamplona, don Nicolás de Chávarri y del conde de Lerín, la recuperaron cinco años más tarde.

La reina Leonor en 1467 le concedió el honroso título de "Muy Noble y Muy Leal", por su heroísmo en la defensa de la villa contra los ataques castellanos. Las mujeres desempeñaron un papel importante en esta defensa, ocupando el lugar de sus maridos muertos gritando: "Rey Enrique, morir queremos de hambre y la villa no entregarte".

Durante las discordias civiles entre agramonteses y beamonteses, en las treguas firmadas en 1476, Viana, su castillo y otras plazas del condestable fueron entregadas en tercería al rey de Castilla. Tres años después, el mariscal Pedro de Navarra intentó, sin exito, apoderarse del castillo.

Don Juan Volvió a contraer matrimonio con Juana Enríquez, hija del Almirante de Castilla Don Fadrique, de la que tuvo a doña Leonor.

Leonor se casó con Gastón de Foix. A la muerte de éste recayó la corona en su nieto Don Francisco Febo, que murió a temprana edad y cuya hermana Doña Catalina contrajo matrimonio con Don Juan de Albrit, cuñado de César Borgia.





En el Camino Francés o de Santiago

El Camino de Santiago a su paso por la jurisdicción de Viana está trazado sobre una antigua vía romana que comunicaba Pamplona con Varea o Logroño.

La antigüedad del recorrido está comprobada por numerosos restos arqueológicos de diversa épocas. Los peregrinos que iniciaban su etapa en Los Arcos, tras pasar por Sansol y Torres alcanzaban sobre un alto la ermita de Nuestra Señora del Poyo, y desde aquí descendían hacia la Hoya de Cornava, antiguo poblado con iglesia dedicada a Santa María. Después de avistar el hospital de San Julián, alcanzaban, a los pies de Viana, La Alberguería, con ermita-albergue en honor de Santa María. Una vez dejada la villa, pasaban por Torreviento, con floreciente aljama de judíos y convento benedictino, dependiente de Nájera y dedicado a San Pedro, y arribaban a Cuevas, aldea medieval semidespoblada al unirse a Viana en 1219, con iglesia dedicada a Santa María y ermitaño permanente. Un poco más adelante llegaban a la Trinidad de Cuevas, convento regido en un principio por los frailes trinitarios, y, a partir del siglo XIV, clavería con amplias dependencias asistenciales, propiedad de la Colegiata de Roncesvalles y regida por un comendador. Seguido rodeando el monte Cantabria, llegaban al puente de Logroño.

El Camino de Santiago en Navarra

La vieja terminología de "camino francés", más utilizada que la de "senda francesa", se ha conservado en algunos términos rurales del citado recorrido.

El famoso Codex Calixtinus, siglo XII, de Aymeric Picaud, después de nombrar a Los Arcos añade: "De allí a la aldea llamada Cuevas corre igualmente un río mortífero". Se refiere al poblado medieval ya citado y a su riachuelo, cuyas aguas en tiempos de estiaje eran peligrosas para la salud. A finales del siglo XV el peregrino alemán Hermann Kúnig de Bach escribió: "Siguiendo más adelante llegas a la ciudad de los judíos, Arcos la llaman los peregrinos. Cuatro millas más allá está Viana, a la entrada hay colocadas dos fuentes y encuentras al pasar cuatro hospitales".

Un clérigo italiano llamado Domenico Laffi estuvo tres veces en Compostela a lo largo del siglo XVII. A partir de Los Arcos anotó: "Concluida la comida, partimos hacia Viannas, distante cuatro leguas. Allí llegados, nos alegramos mucho de ver una tierra tan bella, con una hermosa catedral, tan surtida que no se puede pedir más. Tiene una portada muy bonita con bellísimos relieves. Aquí tuvimos la posada de pan y vino, comimos muy bien y partirnos a Grogno (Logroño), sólo a una legua". Según L. Huidobro, fue Viana "por su historia, por su arte, por su riqueza, por su situación maravillosa y por su caridad, la llave de oro con que Navarra cerraba la postrera de sus puertas por donde pasaban los romeros".

El Camino de Santiago en España





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