Prehistoria

Los restos arqueológicos encontrados evidencian la presencia humana en el territorio desde la más remota antigüedad, y el asentamiento de diversas culturas que evolucionaron hacia los tiempos históricos.

Los primeros restos materiales que indican la presencia humana en Viana se corresponden con un bifaz, o hacha de mano tallada, hallado en Cabezaredonda data de la glaciación alpina de Riss ya en el Pleistoceno, hace unos 200.000 años, y pertenece a la cultura Achelense del Paleolítico Inferior o Antiguo.

Otros materiales como raederas, encontrados en Matamala, pertenecen también al Paleolítico Inferior, aunque algo avanzado, del Achelense Medio. Se cree que el autor del bifaz pudo ser uno de lo últimos representantes del Homo erectus o uno de los primeros del Hombre de Neaderthal.


Bifaz Paleolítico hallado en Viana Bifaz Paleolítico hallado en Viana

Bifaz paleolítico

También se puede datar del Paleolítico Inferior un conjunto lítico formado por grandes lascas (raederas, hendidores y discos) de cuarcita de color verde grisáceo. En ellas se utilizó la técnica de talla levallois, que es la forma más elaborada con que el hombre achelense tallaba las piezas.


Materiales PaleolíticosFragmentos de sílex

Materiales paleolíticos y fragmentos de sílex


El período interglaciar propicio el asentamiento del hombre al aire libre, sobre terrenos fluviales próximos al Ebro, donde establecería sus campamentos temporales, en función de la caza. Los restos de cuarcitas para la elaboración de herramientas líticas así lo atestiguan.

La principal actividad de estos hombres primitivos fue asegurarse la propia existencia, por ello su alimentación consistía en raíces, granos, frutos y semillas, así como la caza: ciervos, uros, caballos y elefantes.

Durante las labores de explotación de una gravera de áridos, en 1988, apareció un gran hueso. Posteriormente se descubrió que pertenecía a un elefante "Elephas antiquus".

Elephans antiquus

También se puede datar del Paleolítico Inferior un conjunto lítico formado por grandes lascas (raederas, hendidores y discos) de cuarcita de color verde grisáceo. En ellas se utilizó la técnica de talla levallois, que es la forma más elaborada con que el hombre achelense tallaba las piezas.



El Neolítico - Hipogeo de Longar

Prueba de la neolitización del territorio es el hipogeo o cámara sepulcral megalítica de Longar.

Es uno de los yacimientos prehistóricos más interesantes y mejor conservados de Navarra.

Situado en el llamado "Alto de los Bojes" a unos 834 m de altitud, está datado entre el 2850 y el 2500 a. C, entre el final del período Neolítico y los comienzos del Calcolítico.

Este monumento se caracteriza por ser una de las pocas tumbas prehistóricas que ha llegado intacta hasta nuestros días, gracias a que se partió la cubierta superior y al desprenderse, enterró el hipogeo. Pasó desapercibido hasta que en 1985, Luis Arazuri Izquierdo, un vecino de la localidad lo descubrió, comenzando la prospección arqueológica en 1991 y terminándose en septiembre de 1994.


Dimensiones

Posee unas dimensiones de 4,6 m de largo y una altura máxima en el interior de 1,5 m.


Hipogeo de Longar - Vista exterior Plano del Hipogeo de Longar

Vista exterior (entrada) - Planta y alzado del hipogeo

Hipogeo de Longar durante las excavaciones
El hipogeo durante los trabajos de excavación


Se trata de una cámara subterránea, excavada en la roca madre arcillosa, de forma alargada con la cabecera en semicírculo, un muro de lajas y cubierta con dos grandes losas de arenisca. El acceso a la cámara, tras un corredor de piedras hincadas, se realizaba por una perforación de la losa de entrada situada al sur. Su depósito funerario, al desplomarse la cubierta en época prehistórica, ha llegado hasta nosotros intacto, proporcionando a los arqueólogos e historiadores un material importantísimo de estudio.


Excavación del interior

En su interior se hallaron los cadáveres de unos 80 individuos, la mayoría en posición flexionada y pertenecientes al mismo grupo tribal o cultural.

También se encontraron utensilios de sílex, destacando la presencia de puntas de flecha que todavía permanecían alojadas en los esqueleto de algunos individuos, lo que ha llevado a los expertos a asegurar que entre las tribus asentadas junto al Valle del Ebro existía un ambiente hostil.

Esqueletos que contenía el hipogeo Vértebra con flecha incrustada

Restos humanos en el interior del hipogeo - Flecha incrustada en una vértebra



¿Cómo vivían?

La gente que lo construyó aunque conocía la agricultura y el pastoreo, todavía conservaba modos de vida nómada y continuaba utilizando instrumentos de piedra tallada. Cuchillos de sílex, raspaderas, diente de hoz, nos demuestran que mantenían una forma de vida activa.

Estas gentes no vivieron asentadas en un sólo poblado en las inmediaciones de Longar, sino que se trasladaban continuamente, estableciendo aquí y allá asentamientos temporales de chozas muy rudimentarias o incluso al aire libre.

Cuchillos de sílex hallado dentro del hipogeo Puntas de flechas

Cuchillos de sílex - Puntas de flechas quebradas


Sin embargo sus creencias religiosas les llevaron a construir tumbas monumentales en piedra para depostiar a sus muertos, asegurándoles de esta manera una morada permanente en el más allá.

La importancia que para ellos tenía el grupo, clan o tribu, se manifiesta en el hecho de que nunca inhumaban a un individuo solo, sino que estos sepulcros acogían a decenas de personas a lo largo de varias generaciones y eran continuamente acondicionados para perpetuar su uso.



Reconstrucción hipotética de un enterramiento en el hipogeo de Longar



En la actualidad


Panel explicativo del Hipogeo de Longar El Hipogeo de Longar en la actualidad

El hipogeo tras su musealización





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