| Prehistoria |
Los restos arqueológicos encontrados evidencian la presencia humana en el territorio desde la más remota antigüedad, y el asentamiento de diversas
culturas que evolucionaron hacia los tiempos históricos.
Los primeros restos materiales que indican la presencia humana en Viana se corresponden con
un bifaz, o hacha de mano tallada, hallado en Cabezaredonda data de la glaciación alpina de Riss ya en el Pleistoceno, hace unos
200.000 años, y pertenece a la cultura Achelense del Paleolítico Inferior o Antiguo.
Otros materiales como raederas, encontrados en Matamala, pertenecen también al Paleolítico Inferior, aunque algo avanzado, del Achelense Medio.
Se cree que el autor del bifaz pudo ser uno de lo últimos representantes del Homo erectus o uno de los primeros del
Hombre de Neaderthal.
Bifaz paleolítico
También se puede datar del Paleolítico Inferior un conjunto lítico formado por grandes lascas (raederas, hendidores y discos) de cuarcita de color verde grisáceo. En ellas se utilizó la técnica de talla levallois, que es la forma más elaborada con que el hombre achelense tallaba las piezas.

Materiales paleolíticos y fragmentos de sílex

También se puede datar del Paleolítico Inferior un conjunto lítico formado por grandes lascas (raederas, hendidores y discos) de cuarcita de color verde grisáceo. En ellas se utilizó la técnica de talla levallois, que es la forma más elaborada con que el hombre achelense tallaba las piezas.
| El Neolítico - Hipogeo de Longar |
Prueba de la neolitización del territorio es el hipogeo o cámara sepulcral megalítica de
Longar.
Dimensiones
Es uno de los yacimientos prehistóricos más interesantes y mejor conservados de Navarra.
Situado en el llamado "Alto de los Bojes" a unos 834 m de altitud, está datado entre el 2850 y el 2500 a. C, entre el final del período Neolítico
y los comienzos del Calcolítico.
Este monumento se caracteriza por ser una de las pocas tumbas prehistóricas que ha llegado intacta hasta nuestros días, gracias a que se partió la
cubierta superior y al desprenderse, enterró el hipogeo. Pasó desapercibido hasta que en 1985, Luis Arazuri Izquierdo, un vecino de la localidad lo
descubrió, comenzando la prospección arqueológica en 1991 y terminándose en septiembre de 1994.
Posee unas dimensiones de 4,6 m de largo y una altura máxima en el interior de 1,5 m.
Vista exterior (entrada) - Planta y alzado del hipogeo
El hipogeo durante los trabajos de excavación
Se trata de una cámara subterránea, excavada en la roca madre arcillosa, de forma alargada con la cabecera
en semicírculo, un muro de lajas y cubierta con dos grandes losas de arenisca. El acceso a la cámara, tras un corredor de piedras hincadas, se realizaba
por una perforación de la losa de entrada situada al sur. Su depósito funerario, al desplomarse la cubierta en época prehistórica, ha llegado hasta
nosotros intacto, proporcionando a los arqueólogos e historiadores un material importantísimo de estudio.
Excavación del interior
En su interior se hallaron los cadáveres de unos 80 individuos, la mayoría en posición flexionada y pertenecientes al mismo grupo tribal o
cultural.
También se encontraron utensilios de sílex, destacando la presencia de puntas de flecha que todavía permanecían alojadas en los esqueleto
de algunos individuos, lo que ha llevado a los expertos a asegurar que entre las tribus asentadas junto al Valle del Ebro existía un ambiente hostil.
Restos humanos en el interior del hipogeo - Flecha incrustada en una vértebra
¿Cómo vivían?
La gente que lo construyó aunque conocía la agricultura y el pastoreo, todavía conservaba modos
de vida nómada y continuaba utilizando instrumentos de piedra tallada. Cuchillos de sílex, raspaderas, diente de hoz, nos demuestran que mantenían
una forma de vida activa.
En la actualidad
Estas gentes no vivieron asentadas en un sólo poblado en las inmediaciones de Longar, sino que se trasladaban continuamente, estableciendo aquí y allá
asentamientos temporales de chozas muy rudimentarias o incluso al aire libre.
Cuchillos de sílex - Puntas de flechas quebradas
Sin embargo sus creencias religiosas les llevaron a construir tumbas monumentales en piedra para depostiar a sus muertos, asegurándoles de esta manera
una morada permanente en el más allá.
La importancia que para ellos tenía el grupo, clan o tribu, se manifiesta en el hecho de que nunca inhumaban a un individuo solo, sino que estos
sepulcros acogían a decenas de personas a lo largo de varias generaciones y eran continuamente acondicionados para perpetuar su uso.
Reconstrucción hipotética de un enterramiento en el hipogeo de Longar
Queda prohibida la reproducción, y/o almacenamiento, difusión por cualquier método existente o por existir, de la
totalidad o cualquier parte de esta página web sin la autorización escrita de los autores.
Si quieres saber más te recomendamos las publicaciones....