| El convento de San Francisco |
Al norte de la ciudad se encuentra el convento de San Francisco o de San Juan del Ramo, que en el primer tercio del siglo XVII sucedió a otro situado en la jurisdicción de Aras, hoy en ruinas, fundado por el Príncipe de Viana en 1440.
La aldea de Soto, cuyo origen nos es desconocido, estaba situada al norte de Viana y fue una de las ocho aldeas medievales que se incorporaron a Viana en 1219. Tuvo una iglesia dedicada a San Juan cuyas ruinas han llegado a nosotros. La fundación por los franciscanos data del siglo XV, y los cronistas de la época aseguran que fue el príncipe Don Carlos de Viana quien fundó dicho monasterio o eremitorio.

Prueba de ello es la corona real encima del escudo de la Orden Seráfica que ostenta la puerta del covento que más tarde fundarían en Viana. Además la monarquía navarra sentía predilección por la Orden Franciscana. Hay una leyenda que narra que el infante Don Carlos estando de caza se vio obligado a refugiarse en una ermita, pero al estar cerrada se cobijó debajo de un árbol. Cayó un rayo sobre el árbol y éste se quemó por completo, salvo una rama bajo la que se encontraba el infante. El Príncipe de Viana mandó edificar un monasterio en acción de gracias ante este hecho milagroso.

Detalle de la portada del convento San Francisco
Los frailes franciscanos edificaton un eremitorio junto a las paredes de la iglesia con el título de San Juan del Ramo. Por lo alejado y solitario del lugar, pensaron en 1566 trasladar el convento a la villa de Viana, el Ayuntamiento les dio autorización, pero el Cabildo de clérigos se opuso. Las pestes de ese año causaron numerosas muertes en la villa, y fue requerida la presencia de dichos frailes. Su comportamiento heroico, pues varios frailes murieron o quedaron malheridos hizo que el Cabildo cambiara de parecer.
Arquitectura y Arte (San Juan del Soto)
La iglesia (orientada al este de la falda de un monte) tenía cuatro tramos separados por robustos y esbeltos arcos apuntados de unos 11 m de luz y 17 m de altura. Junto a cada arco hay exteriormente pesados contrafuertes. Se desconoce la forma de la cabecera porque fue totalmente reformada y porque posiblemente se adaptaría junto a ella el convento. Gracias al sistema de contrafuertes, sección del arco y otros detalles se puede datar el edificio de finales del siglo XII o principios del XIII (entre el románico y el gótico). Para el siglo XVIII el convento estaba ya en ruinas, hoy quedan en pie cuatro paredes maltrechas y sólamente un arco.
De este convento se conserva una imagen de San Juan del Ramo, regalo del Príncipe de Viana a su fundación y ejecutada por el escultor real, el flamenco Janin de Lome. La imagen de 1,10 m. representa al predicador en el desierto y es de madera policromada, está representado como beduino nómada, barbado y de cabellos abundantes. Va vestido con un amplio manto-túnica de piel de camello que termina en los pies en una cabeza semiesbozada de dicho animal (abundante en el arte alemán). Las piernas están muy bien detalladas, su rostro es alargado con numerosos detalles y su piel oscura como corresponde al habitante del desierto.

Según los textos conservados, existieron seis retablos. En el mayor, colocado en la capilla mayor, tuvo cajas y columnas (y en la caja superior iba un Calvario completo) y una figura de bulto redondo "del compañero de San Francisco en un risco". Los otros cinco retablos fueron para las capillas laterales y se hicieron de madera de pino con sus columnas entorchadas. También conocemos que existió un coro con sillas como la parroquia de Santa María de Viana.
Traslado e historia
Los franciscanos realizaron las primeras gestiones en 1618 para trasladarse a Viana, pero se encontraron con la oposición del Cabildo
y las Cortes de Navarra que habían prohibido hacer nuevas fundaciones sin el permiso del virrey. Fue tal el deseo del pueblo llano para que se asentaran
en la ya ciudad, que se sometió a votación y salió favorable a los frailes. En 1634 bajaron a vivir y se alojaron mientras en casas de vecinos, el número
de frailes por aquél entonces era de dieciséis.
El lugar escogido para edificar el convento fue a los pies de los muros de la ciudad, en el paraje entonces llamado Arrabal de la
Carrera en el Castillar. Las obras del convento e iglesia comenzaron el 1 de marzo de 1642, y duraron hasta 1677. Estuvieron dirigidas por
Lorenzo González de Saseta y Santiago y Juan de Raón.
Un problema por el ruido de las campanas llevó al convento de San Francisco y a la Parroquia de Santa María hasta Roma, que decidió que
la espadaña y el campanil del convento se colocaran hacia el claustro. Además el derecho de propiedad de la imagen de San Juan Bautista y la iglesia que
fue su anterior convento, pasaron a ser propiedad de la parroquia.
Al principio se llamó San Juan Bautista o San Juan del Ramo, en memoria del primitivo convento, pero el pueblo pronto comenzó a
llamarle San Francisco, como se le conoce hoy.
El 26 de septiembre de 1677 se hizo la traslación y bendición, asistiendo diversas autoridades (Ayuntamiento, el provincial, el Santo Oficio...).
Se festejó también con danzas, música y corrida de toros.
Para su financiación, se aportaron generosas ayudas por parte de los vecinos, vianeses de ultramar y de la provincia religiosa de Burgos, a la que
pertenecían los franciscanos.
Como ejemplos, el vianés Gonzalo de Herrera, caballero de Calatrava, mandó en 1659 desde Nueva España al puerto de Santander 800
pesos de plata, el capitán Antonio de Castro desde la ciudad de los Reyes de Indias 990 reales de plata, Juan Ramírez de Isaba, vecino de Los Arcos
y Viana, daba una limosna para 200 misas.

Tareas y funciones
Una tarea importante fue la enseñanza. Se impartían cursos de Artes, hubo cátedra de Teología y de Moral y su biblioteca llegó a ser
muy importante.
Sobresale el vianés fray Andrés de Fuenmayor, que fue guardián del convento, provincial de Burgos, confesor de las Descalzas Reales de Madrid y
director espiritual de la célebre sor María de Agreda, quien ordenó escribir su famoso libro "Mística ciudad de Dios". A este fraile se le debe también
la sillería del coro, los libros corales, órgano, cuadros, relicarios y vasos de plata y de oro, además de una importante biblioteca.
A comienzos del siglo XIX el número de frailes era de 32 profesos, 4 legos y 2 donados. Asistían espiritualmente a los enfermos y pobres del Hospital de Nuestra Señora de Gracia, y eran solicitados como predicadores no sólo en la ciudad sino en toda la comarca.

Después de una historia gloriosa, su comunidad franciscana entró en crisis durante la Francesada. José Bonaparte en un decreto del 18 de
agosto de 1809, suprimió las órdenes monacales y clérigos regulares, confiscando sus bienes. En Navarra fueron suprimidos 49 conventos, incluído éste.
Parte de sus religiosos se pasaron al clero secular, quedándose en la propia ciudad. El convento se destinó a cuartel de las tropas francesas, y sus
objetos de plata y algunos cuadros fueron víctimas de la avaricia y de la anarquía de los guerrilleros.
Después de la guerra napoleónica, los religiosos volvieron a su antigua morada, salvándose de las leyes supresoras de conventos de 1829 por tener más
de 12 profesores y ejercer una misión utilitaria.
La comunidad se reorganizó, y en 1829 eran 36 individuos. En la Primera Guerra Carlista al ser la ciudad plaza liberal fortificada, por
temor a represalias, 16 religiosos de ideales carlistas huyeron el 5 de septiembre de 1864. Este hecho motivó al general Quesada mandar cerrar el
convento.
Se utilizó como cuartel, y tras la Desamortización de 1835 el Estado lo cedió al Municipio para hospital militar y dos años más
tarde para escuelas.
Desde 1858 lo ocupan las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, que lo dedicarían a escuelas para párvulos, Graduadas para niñas,
Escuela para empleadas de hogar, Colegio de Enseñanza media con internado, Escuela Apostólica para futuras Hijas de la Caridad, Santo Hospital con 25
camas y Casa de Misericordia para ancianos.
En 1983 el edificio fue totalmente remodelado, y en la actualidad es residencia municipal de ancianos
dirigida por dicho Instituto religioso.
Arquitectura
La iglesia, trazada por fray Pedro Uruela, tiene planta de cruz latina con crucero y cabecera cuadrada. La nave es de cuatro tramos con bóveda de medio cañón y cúpula sobre el crucero, y a ella se abren capillas cuadradas entre los contrafuertes con bóvedas de aristas o cúpulas. A los pies se levanta el coro, y junto a la cabecera, la sacristía.

La fachada, de piedra sillar, sigue un modelo conventual muy difundido. Consiste en un muro plano de dos cuerpos y frontón triangular, el primero de ellos con pitastras adosadas que enrnarcan puerta de medio punto y a los lados puertas adinteladas. El segundo cuerpo va provisto de aletones y de hornacina central. Todos los remates se adornan con bolas. El claustro, adosado a la iglesia por el norte, de planta cuadrada, muestra un primer cuerpo de piedra, con arcos de medio punto cegados, y un segundo cuerpo de ladrillo.
Son importantes las labores pictóricas sobre lienzo y muro que, distribuidas por las capillas y el presbiterio, imitan retablos de madera de gran pompa
barroca. Sobresalen los de la Virgen de Guadalupe, Nuestra Señora del Pilar y San Francisco de Asís, y fueron realizados durante la segunda mitad del
siglo XVII.


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