La iglesia de Santa María


La iglesia parroquias de Santa María se levantó sobre el flanco amurallado del norte, junto a un portal de ingreso y la barbacana, en la intersección de las vías principales de la villa.

Le correspondía la jurisdicción este de la población, más los barrios de Aras y de Bargota. Perteneció, al igual que la parroquia de San Pedro, al obispado de Calahorra y La Calzada hasta 1955. Actualmente pertenece al de Pamplona.

Desde 1931 tiene categoría de Monumento Nacional y es el tercer templo más grande de Navarra, después de la catedral de Pamplona y la catedral de Tudela.


Orígenes

La erección de este templo debió de comenzarse al finalizar las obras de su iglesia vecina de San Pedro en torno a 1250. Ya en un documento de 1264 aparece cobrando los diezmos a Bargota, y en 1312 consiguió de Clemente V un Jubileo de indulgencias para ayuda de sus obras.

Según dicha cronología, este templo fue construido en estilo gótico francés de finales del siglo XIII y comienzos del XIV.



Arquitectura y Arte

La planta primitiva consta de tres naves, la central más ancha. Todas están divididas en cuatro tramos, las capillas situadas entre los contrafuertes y la cabecera es poligonal con capillas rectas a los lados, que desaparecieron al construirse la girola en el siglo XVII. Los pilares, generalmente en forma de rombo y con baquetones, presentan gran variedad, y sobre ellos apoyan los arcos formeros y fajones de esquema ojival, más o menos apuntado, excepto los de las capillas del norte, que son de medio punto.

Son muy variados los capiteles y ménsulas, con vegetación e historias de los siglos XIII y XIV, incluso posteriores.

Todas las bóvedas, salvo la gallonada de la cabecera, son de crucerías sencillas de nervios aristados con claves casi siempre figuradas. En el último tramo se levantó el coro en alto, sobre las tres naves, con bóvedas cuatripartitas.

Sobresale por su gran belleza la galería de triforios, que recorre todo el perímetro interior del edificio, en situación anómala sobre las capillas y el coro. Siguen diversos esquemas, pero los más antiguos, del siglo XIV, se localizan en el sur, pues los de la nave norte fueron remodelados durante el siglo XVII.

Al exterior, los empujes de las naves se contrarrestan por arbotantes y fuertes botareles con pináculos. Las fachadas resultan macizas y con pocos huecos, dado su carácter de fortaleza.




Portadas

La portada del oeste, gótica del siglo XIV (la del flanco sur desapareció), es muy sencilla. Está compuesta de tres arquivoltas y chambrana vegetal, que enmarcan un tímpano con una Virgen de pie con el niño y dos ángeles arrodillados.

La gran portada renacentista del sur, auténtico retablo en piedra, es "una de las composiciones más audaces y de mayor genialidad arquitectónica de nuestro Renacimiento" según Chueca Goitia. Fue diseñada y comenzada por Juan de Goyaz en 1549, y a su muerte, tres años después, la continuaron hasta 1570 Juan Ochoa de Arranotegui, padre e hijo, y Juan de Orbara.

Consiste en un gran nicho semicircular, lejano eco del Belvedere de Bramante, con frontón triangular, ampliado con superficies laterales. El cuerpo bajo, imitando un arco de triunfo romano, está delimitado por columnas corintias y muestra cajas rectangulares. La puerta es adintelada y con tímpano de medio punto. Un segundo cuerpo rernata con bóveda de cuarto de esfera con casetones.

La escultura reproduce a la Virgen, titular parroquial, escenas de la pasión, misterios del rosario, evangelistas y padres de la Iglesia, todo muy propio del momento de la Contrarreforrna. En algunas zonas abunda el grutesco, en el friso inferior se localizan las escenas mitológicas de los Trabajos de Hércules, y en el arco del tímpano los signos del Zodiaco. Estilísticamente debe mucho a la escuela de Burgos y, construida en una etapa de transición, conserva ecos platerescos, es manierista y adivina un barroco próximo.



Vista oeste - Portada gótica - Portada renacentista

Ampliaciones: Torre y girola

La torre fue levantada entre 1584-1591 por Juan Larrañaga, según la traza de Amador de Segura. Tiene aspecto clásico, y en ella se abren cuatro grandes huecos rectangulares, para las campanas, adornados con pilastras y frontón triangular.

Entre 1693-1717 se construyó la girola, ambulatorio recto, que prolonga las naves laterales en dos tramos más con siete capillas, y la sacristía.

En la capilla de la cabecera, dedicada a la patrona de la ciudad, Santa María Magdalena, se aprovecharon materiales de la sacristía del siglo XVI, por lo que ofrece un estilo renacimiento-barroco; la sacristía, de tres tramos con cúpula central, es barroca. El resto de la girola imita con todo detalle la obra gótica primitiva en molduraciones, abovedarnientos y aberturas. Intervinieron el francés Santiago Raón y los maestros vianeses Jose González Saseta y Bernardo Munilla.

Durante el siglo XVIII se remodelaron algunas estancias para sala capitular y cuarto aguamanil, y en 1782 Miguel López Porras levantó, adosada al norte, la capilla de San Juan del Ramo, de planta cuadrada y cúpula semiesférica.




Capillas y retablos

Las numerosas capillas de este templo están ocupadas por retablos de madera de esmerada calidad, la mayor parte de ellos realizados por artistas vianeses o afincados en la localidad, que constituyeron el llamado taller de Viana-Cabredo.

Del siglo XV es un crucificado del retablo de Santiago y la imagen de San Juan del Ramo, atribuida al flamenco Janin de Lome, y del siglo XVI, el retablo de San Bartolomé, obra de Badarán y de Gaspar de Vitoria.

Durante el siglo XVII, Juan Bascardo y su yerno Diego Jiménez realizaron los retablos de Santiago y Santa Catalina; Andrés de Larrea y Bernardo de Elearacta, el antiguo de San Juan del Ramo; y este último artista y Martín de Oronoz, el retablo de San José y el retablo mayor, siendo éste de los más lujosos de Navarra, en su estilo barroco, por sus dimensiones, imaginería y decoración. De finales de dicho siglo es el de Santa Lucía, obra de Juan Bautista de Suso.

De la primera mitad del siglo XVIII es el de Nuestra Señora de Nieva, obra de Diego Camporredondo, y el del Cristo de la sacristía, de Juan Jerónimo Coll. En los retablos de San Lorenzo y de San Félix, obra de este último artista, según trazas de fray José de San Juan de la Cruz, utilizaron decoraciones de rocalla, lo mismo que en la sillería coral, obra de José Muguiro, intervenciones realizadas a partir de la segunda mitad del siglo XVIII.


Naves laterales de la izquierda: Retablos de Santa Catalina, San Bartolomé, San Lorenzo y Santiago.


Naves laterales de la derecha: Retablos de San Francisco Javier, San José, Virgen de Nieva, y San Félix.


Al estilo neoclásico pertenecen un aguamanil de pórfido, los tres retablos de la capilla de San Juan del Ramo, proyectados por Francisco Sabando y que realizó Miguel López Porras, y los templetes expositores de la capilla de Santa María Magdalena y del presbiterio, éste proyectado por Luis Paret, construidos ambos por el vitoriano Antonio Rubio.

José Bravo decoró el presbiterio en 1731 con pinturas ilusionistas al temple, y entre los lienzos al óleo sobresalen los cuatro de estilo neoclásico atribuidos a José Bexes y una Asunción de Vicente Berdusán.

Los púlpitos y tornavoces son obra de Juan Bautista de Suso en 1723.


Capilla de San Juan del Ramo

Destaca la decoración pictórica de la capilla de San Juan del Ramo ejecutada por Luis Paret y Alcázar, pintor de la Corte, junto con Goya, uno de los mejores pintores españoles de su siglo.

Adornan la entrada los óleos El Anuncio del ángel a Zacarías y La Visitación de María a Isabel, pintados en Bilbao en 1786 y 1787. En ellos sobresalen las estupendas cabezas y la lograda imitación de ropas y joyas. Los temples de la cúpula reproducen escenas de la vida de San Juan Bautista, y las pechinas las alegorías de las virtudes: santidad, sabiduría, constancia y castidad, todo ello pintado en 1787. Son figuras monumentales de factura suelta y de colorido limpio y brillante.


La Visitación de María a Isabel - Cúpula de la capilla - La Visita del ángel a Zacarías


La Sacristía

En la sacristía y anexos se guardan ricas colecciones artísticas. Hay piezas de plata de los talleres logroñeses y americanos y sobresalen una cruz parroquial, proyectada por Luis Paret, y una custodia, ambas neoclásicas.

Excepcional es la colección de ropas litúrgicas de los siglos XVI y XVII, de autores riojanos y navarros, los seis crucifijos de marfil, dos de ellos hispano-filipinos, los bustos-relicario, y los cerca de treinta cantorales de pergamino de los siglos XVI y siguientes.





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